Un día, ese joven cipoleño decidió abandonar sus pagos para continuar sus estudios en Buenos Aires. No era una decisión sencilla de tomar pero él aceptó el reto.
Entre buenas y malas, más buenas que malas, el joven se las iba arreglando para pasarla lo mejor posible, y claro, para extrañar lo menos posible. Los días se hacían largos y en los tiempos libres pensaba sí había hecho lo correcto. Le surgían preguntas como: ¿Habré elegido bien la carrera? ¿Qué hago acá en Buenos Aires cuando podría estar tranquilo en Cipolletti?
Ya no le alcanzaba con ir a cursar y salir de vez en cuando con los amigos. Algo le faltaba, pero no se daba cuenta qué. En uno de esos domingos típicos aburridos, el muchachito se tiró en su sillón de seda a mirar un partido de fútbol de Primera de División.
Quizás fue una casualidad de la vida, o quizás el destino quiso que así fuera. Lo cierto es que ese día Iña se iba a dar cuenta cuál era su necesidad. Y sí, el jovencito tenía ganas de jugar al fútbol como cuando lo hacía en aquellas tardes frías del invierno patagónico. Ya no le alcanzaba con mirar fútbol por televisión.
Sin esperar ni un segundo, el gurrumín se contactó con cualquier cipoleño que ande dando vueltas por Buenos Aires para preguntarle si conocía de algún equipo para, por lo menos, jugar unos fulbitos los fines de semana.
En uno de esos desesperados llamados, iba a llegar la mejor noticia. Patroco Núñez le comentó de un equipo que jugaba en la UBA y que se llamaba Atlético Cipolletti. Iña no dudó un segundo y pidió ser parte de ese equipo.
De ahí en más, la vida del joven del interior empezó a cambiar. Pasó por buenas y por malas, pero siempre disfrutando de estar en el verde césped. Y claro, cómo olvidarse de aquellas tardes de cervezas en el bar de la UBA. Toda una vida estando junto al Atleti.
En el 2009 le iba a llegar uno de los momentos más lindos de la vida para el hombre. Iña iba a ser papá de Inés. Otro gran golazo como aquel tiro libre muy recordado contra Fútbol y Tenis en un día de lluvia en cancha 7.
Toda historia tiene su final, o mejor dicho, cumple su ciclo. Por esas cosas de la vida, Iña tuvo que dejar al Atleti. Le surgió una buena posibilidad laboral en la tierra que lo vio nacer y no dudó un segundo en irse. Su ciclo en el Atleti estaba terminado. Su despedida mejor no podía ser: con un triunfo agónico por 2 a 1 que seguro va a quedar en el recuerdo. Por si fuera poco, Iña se puso el traje de 5 y fue un león dentro de la cancha.
Ese último partido fue un simple resumen de los 10 años de Iña junto al Atleti. Huevo, sacrificio y mucha sangre. El primero en llegar y el último en irse. Un grande por dónde se lo mire.
Iña, el Atleti te va a extrañar, y mucho. ¡Qué bien te queda la blanca y negra!
Entre buenas y malas, más buenas que malas, el joven se las iba arreglando para pasarla lo mejor posible, y claro, para extrañar lo menos posible. Los días se hacían largos y en los tiempos libres pensaba sí había hecho lo correcto. Le surgían preguntas como: ¿Habré elegido bien la carrera? ¿Qué hago acá en Buenos Aires cuando podría estar tranquilo en Cipolletti?
Ya no le alcanzaba con ir a cursar y salir de vez en cuando con los amigos. Algo le faltaba, pero no se daba cuenta qué. En uno de esos domingos típicos aburridos, el muchachito se tiró en su sillón de seda a mirar un partido de fútbol de Primera de División.
Quizás fue una casualidad de la vida, o quizás el destino quiso que así fuera. Lo cierto es que ese día Iña se iba a dar cuenta cuál era su necesidad. Y sí, el jovencito tenía ganas de jugar al fútbol como cuando lo hacía en aquellas tardes frías del invierno patagónico. Ya no le alcanzaba con mirar fútbol por televisión.
Sin esperar ni un segundo, el gurrumín se contactó con cualquier cipoleño que ande dando vueltas por Buenos Aires para preguntarle si conocía de algún equipo para, por lo menos, jugar unos fulbitos los fines de semana.
En uno de esos desesperados llamados, iba a llegar la mejor noticia. Patroco Núñez le comentó de un equipo que jugaba en la UBA y que se llamaba Atlético Cipolletti. Iña no dudó un segundo y pidió ser parte de ese equipo.
De ahí en más, la vida del joven del interior empezó a cambiar. Pasó por buenas y por malas, pero siempre disfrutando de estar en el verde césped. Y claro, cómo olvidarse de aquellas tardes de cervezas en el bar de la UBA. Toda una vida estando junto al Atleti.
En el 2009 le iba a llegar uno de los momentos más lindos de la vida para el hombre. Iña iba a ser papá de Inés. Otro gran golazo como aquel tiro libre muy recordado contra Fútbol y Tenis en un día de lluvia en cancha 7.
Toda historia tiene su final, o mejor dicho, cumple su ciclo. Por esas cosas de la vida, Iña tuvo que dejar al Atleti. Le surgió una buena posibilidad laboral en la tierra que lo vio nacer y no dudó un segundo en irse. Su ciclo en el Atleti estaba terminado. Su despedida mejor no podía ser: con un triunfo agónico por 2 a 1 que seguro va a quedar en el recuerdo. Por si fuera poco, Iña se puso el traje de 5 y fue un león dentro de la cancha.
Ese último partido fue un simple resumen de los 10 años de Iña junto al Atleti. Huevo, sacrificio y mucha sangre. El primero en llegar y el último en irse. Un grande por dónde se lo mire.
Iña, el Atleti te va a extrañar, y mucho. ¡Qué bien te queda la blanca y negra!
